El poema

Este poema fue escrito para reconocer la vida en los pueblos, inspirado por los cuentos de mi familia y lo que yo mismo vi creciendo en Guatemala. Aunque reflecte las costumbres de las indígenas de Guatemala, “la cultura del pueblo” existe en todo el mundo y es hasta es olvidado por las ciudades y los gobiernos. Aún de tener 20 años de no ver mi pueblo, me recuerdo, no de pastos o de las calles pero de la gente. De las niñas y sus madres, de caras y los pasos, con las lindas telas que ellas mismo hacen. O sus gentil manos bien usadas y delicadas, de pieles de las arenas, pero en consistencia de las mismas tierras, áridas como avena, donde cosechan ellas la cena.

Y el motivo de vivir, aprender, de enseñar y reconocer, y también de morir, es lo que hace el pueblo crecer y seguir—adelante con los deseos, o las penas y lastimas. Y no hay que olvidar la juventud, pero no de cuerpo o de años, pero de apreciación a la educación, de la nueva viva y de la que termina. Y son nuestras niñas tan ejemplos como sus madres y abuelas, que no hacen el pueblo desaparecer, y cuando al fin descansan las viejas, cada niña se convierte en mujer.


Las Viejas del Pueblo

Las viejas del pueblo,
Marchando a firme paso
con brazos bien fregados y corazones destrozados
levantan lastimas de ayer.
Y sus cuerpos viejos y usados
Buscan vida con cuidado,
No hacen el espirito caer.

Las viejas del pueblo,
Con sus piernas enterradas
y espaldas encorvadas
Arrancan pasto con placer.
Y marchan tierras sin zapatos
con sus ropas en pedazos,
Se enfocan en los astros para ver.

Las viejas del pueblo,
Marchando en cementerios,
cuidando compañeros y saludan al morir.
Ayudan al Sepulturero, con bigote y un gran sombrero
No deja a los muertos salir.

Y en la noche linda y negra
Preparan pociones por hacer,
Revuelven el molde, sopa clara pero sangre fría,
Que se será lista para el amanecer.

Las viejas del pueblo,
Tejen lindas telas con sus manos de arena,
Atrapadas todas ellas
Escuchan hacia fuera.
Y con pellejo bien anejo
cuidan sueños desde lejos—
y los hacen dormir.

Y las niñas de los pueblos,
Crecen luego
con los brazos aguados pero corazones bien formados,
Tienen el respaldo del pensar.
Y sin ropa en sus cuerpos,
Pero cubiertos de ejemplos
de la viva de los muertos,
Dejan a sus madres descansar.

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